domingo, 2 de octubre de 2011

Los ojos de la 202 (puntos suspensivos nº 18)

Hacía tres meses que no trabajaba allí, había una boda en el hotel entre otros eventos y necesitaban una buena remesa de camareros. La vestimenta de siempre, camisa blanca, chaleco y pantalones negros, pajarita del mismo color y zapatos, vamos, disfraz de pingüino. A la hora de repartir zonas a mi me tocó la mesa de los niños, no suele ser la mesa más difícil pero si la más alejada de la cocina, con lo cual tenía que hacer el recorrido con un carrito para aprovechar el viaje y tenía que atravesar parte de las habitaciones, en ese tramo en especial pasaba más despacio con el carrito para no molestar a los inquilinos.

Fue en uno de esos trayectos cuando la vi, la puerta se abrió de repente y allí apareció ella, se precipitó hacia fuera y casi tropieza con los entrantes del menú infantil que llevaba en el carro. Llevaba un vestido negro, iba muy arreglada en general y era muy guapa, pero lo que más llamaba la atención eran sus ojos, de esas miradas que te comparan en los libros con piedras preciosas, bosques insondables o mares serenos, que nunca te las crees porque solo están en los libros pero que aún así logras imaginar.

Con una elgancia propia y media sonrisa continuó su camino.

Habría jurado que sus ojos eran de plata...


*Aclaración*

Resulta que en este hotel se alojan las candidatas a Miss Intercontinental, el mismo día me enteré de que la chica en cuestión era Miss Hungría.

Y como siempre en la mesa de los niños, patatas fritas voladoras...

1 comentario:

Juan Ramón dijo...

Me gustan los ojos de plata y la historia que cuentas. Yo también vi a algunas de esas chicas mientra compraba en mercadona. Fue todo un placer pasear por los pasillos comprando lechugas y latas de conserva mientras pululaban por allí esas hermosas hembras.